
La inclusión peatonal es un reto gigante que cada día crece en el marco de la planificación urbana de San Francisco de Macorís. Este municipio, capital de la provincia Duarte y que cuenta con una poblacion de más de 100 mil habitantes, registra a lo largo de los años un crecimiento acelerado en las áreas urbanas cuyas calles y aceras dan la espalda a la realidad de las personas con discapacidad física, ya que no son accesibles, ni seguras.
La indiferencia de las autoridades se perpetua cuando recorres las principales calles de esta ciudad: avenida Libertad, Bienvenido Fuertes Duarte, Frank Grullón, Presidente Antonio Guzmán Fernández, Manolo Tavares Justo, La Cruz, 27 de Febrero, San Francisco, Colón, Castillo, entre otras. Las mismas, carecen de aceras seguras y viables, no hay rampas, no hay señalización inclusiva y comunicación accesible. Esto dificulta enormemente la movilidad de personas con discapacidad y los pone en riesgo.

Estos se enfrentan a diario con obstáculos significativos cuando intentan trasladarse. A parte de luchar con espacios urbanos limitados para el transeúnte pero con mucha prioridad al tráfico vehicular, cargan con el estrés de cuidarse del irrespeto hacia los peatones.
Crear entornos urbanos más inclusivos para los transeúntes con algún tipo de discapacidad física es una cuesta arriba que las autoridades municipales no logran subir y que ni siquiera intentan. En ese sentido, la planificación urbana es deficiente y el diseño de la ciudad que tiene 245 años de fundada nunca ha contemplado la accesibilidad para personas con movilidad reducida.

La falta de inclusión peatonal alimenta la desigualdad y la discriminación hacia las personas con alguna discapacidad. Esto provoca que se sientan marginadas y excluidas.
Este sentir pudimos palparlo con Ana María Alexis, una locutora francomacorisana paciente de distrofia muscular, quien asegura que lamentablemente las calles y aceras de esta ciudad no están aptas para que ella y otras personas usuarias de silla de ruedas, muletas, bastón, realicen su recorrido cuando van a trabajar, a estudiar, recrearse o visitar el médico.

“Cuando salgo digo, bueno ahí voy a hacer mi deporte extremo, porque debo lanzarme a la calle a exponerme al peligro cuando me pasa por el lado un camión, una jeepeta o una motocicleta a alta velocidad” dijo Ana.
Indicó que desde hace años ha estado analizando la necesidad urgente del apoyo de toda la sociedad, para que este pueblo sea inclusivo y que las personas con discapacidad puedan salir a la calle sin la necesidad de ayuda de ciudadanos solidarios.
“A veces tengo que tomar un taxi para cruzar de una esquina a otra porque la característica de la avenida no me permite trasladarme de forma segura, no hay una rampa donde yo pueda subir sola a la acera” agregó.
La misma realidad la atraviesa Angelo, un joven de una zona rural, que hace cinco meses sufrió un accidente de motocicleta que le produjo una discapacidad de movilidad. “Es incómodo caminar en la ciudad, las aceras son muy altas, con muletas son difíciles de subir y si andas en silla de ruedas es peor, mucho más si estás solo” dijo.
Igualmente, Dinorah, cuya madre duró dos años utilizando silla de ruedas por una trombosis venosa profunda, narró que es imposible para una mujer con la condición de su progenitora transitar sola por la ciudad. “No es fácil, siempre teníamos que andar con un hombre que tuviera mucha fuerza para cargarla con todo y silla, no hay rampas, a veces preferíamos no salir para evitarnos la incomodidad” expresó.
Dinorah, tambien se refirió a la gran cantidad de dinero que debían gastar para poderse mover de un lugar a otro en un vehículo, porque ir a pie aunque la ubicación estuviera cerca, era un lujo que no podían darse.

Esta situación que evidencia fragilidad, negligencia e indiferencia de las autoridades ha sido fomentada por décadas, por ello, la necesidad de voluntad, empatía, persistencia y resiliencia para desautomatizar la burocracia rancia y holgazana que impide las inversiones justas para garantizar una verdadera inclusión peatonal en este pueblo.
La conciencia, tanto de las autoridades como de la sociedad en general, sobre esta problemática, es fundamental para impulsar cambios significativos y mejorar la calidad de vida de estos.
Aunque en nuestro país existen leyes como la No. 5-13 sobre Discapacidad en la República Dominicana, la Ley No. 63-17, de Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial, entre otras, que establecen como prioridad la igualdad, equidad, justicia social,integración e inclusión, accesibilidad; se necesita firmeza y un marcado interés para que estas dejen de ser solo teorías colgadas en un papel y se cumplan fielmente para amparar y garantizar la igualdad de derechos y la garantía de oportunidades a todas las personas con discapacidad.
San Francisco de Macorís agoniza ante la frustración, inseguridad, aislamiento e inaccesibilidad por la que atraviesan decenas de personas con alguna condición de discapacidad, cuyos intereses y preocupaciones se tiran en una cubeta utópica.








