Santo Domingo.-La tarde de este jueves, una multitud conmovida acompaña el último viaje del legendario merenguero Rubí Pérez. A bordo de vehículos, motocicletas y con el corazón en la mano, sus seguidores, amigos y seres queridos lo trasladan hasta su última morada, en el cementerio La Puerta del Cielo.
El cortejo fúnebre avanza entre lágrimas, aplausos y los ecos de sus merengues inolvidables, que hoy suenan más fuerte que nunca, como un homenaje del pueblo a quien tantas veces les regaló alegría con su voz única.
Rubí no se va, porque el arte verdadero nunca muere. Hoy se convierte en leyenda, abrazado por el cariño de una nación que lo lleva en el alma.







