Caracas.– El dolor y la desesperación se apoderan de las familias venezolanas que comenzaron a despedir a sus seres queridos tras los devastadores terremotos del 24 de junio, una tragedia que ha dejado más de 1,700 fallecidos y ha llevado al límite la capacidad de los cementerios del país.
En el Cementerio General del Sur, en Caracas, los hornos crematorios operan sin descanso ante la avalancha de cuerpos. Decenas de personas esperan durante horas para poder dar el último adiós a sus familiares, mientras densas columnas de humo se elevan constantemente sobre el camposanto.
Los trabajadores han extendido las jornadas hasta la medianoche y aceleran la limpieza y habilitación de nichos y terrenos para responder a una demanda sin precedentes. Obreros aseguraron que recibieron instrucciones de preparar entre 100 y 200 nuevas fosas ante la magnitud de la emergencia.
“Esto apenas es el principio”, expresó uno de los empleados del cementerio, reflejando la preocupación por la cantidad de víctimas que aún continúan siendo recuperadas.
Entre escenas de llanto y conmoción, familiares de Emir Pérez, fallecido junto a su esposa y sus dos hijos en La Guaira, lograron finalmente sepultarlo después de varios días enfrentando dificultades para recuperar los cuerpos y completar los trámites necesarios.
Su tío, Sergio Vergara, confesó que desde el terremoto no puede dormir bajo techo por temor a una nueva tragedia. “Me da pánico morir aplastado”, relató con la voz quebrada.
La saturación de los cementerios obligó a habilitar nichos improvisados para muchas víctimas, mientras numerosas familias han tenido que renunciar a los funerales tradicionales debido al avanzado estado de descomposición de los cuerpos.
En medio del ruido de maquinaria, palas y camiones que continúan llegando con materiales, Venezuela intenta despedir a sus muertos en una de las jornadas más dolorosas de su historia reciente.








